domingo, septiembre 02, 2018

Escuchar es dar amor

Estaba yo leyendo en el parque mientras mis nietos jugaban con algunos amiguitos, cuando dos jóvenes madres se pusieron a conversar muy cerca de donde yo estaba. Tan cerca que podía oír con claridad su conversación.
Resulta que una de las madres estaba teniendo una semana difícil, con algunos contratiempos y discusiones con personas cercanas.
Y su amiga, tal como hacen las amigas (y los amigos, ambos procedemos igual), a medida que que iba escuchando las congojas de su compañera iba también disparando consejos y "soluciones".
La atribulada madre, no sé si por azar o lo había previsto así, estaba contando sus cuitas en estricto orden ascendente, de lo más simple a lo más complejo, de lo intrascendente a lo dramático.
Así que su amiga cada vez tenía más dificultades para sacar del sombrero sus mágicas soluciones.
Hasta que llegó el momento en que se dió por vencida y dijo: " Pués no sé que decirte, no conozco la situación lo suficiente para aconsejarte". Y la otra respondió: "No te preocupes, lo que yo necesitaba era desahogarme"Y, si eso era todo. Nuestra afligida madre lo único que quería era un oído amigo, amable y compasivo, en el cual descargar sus dificultades. No deseaba soluciones apresuradas ni superficiales.
La mayoría de las personas que se acercan a nosotros a contarnos su dificultades, lo que buscan es alguien que los escuche, que los escuche de verdad. Con empatía y sin juzgar. Todos los seres humanos tenemos la necesidad de sentirnos escuchados y comprendidos. Necesitamos un lugar seguro donde descargar y ventilar nuestros asuntos.
Pero hacemos lo contrario, de inmediato sale a relucir el yo-lo arreglo-todo-al-instante que llevamos dentro. Entonces empezamos a lanzar consejos frívolos y poco meditados.
Quizá con quien peor lo hacemos es con nuestros hijos. Como padres, queremos ayudarlos y apoyarlos en todo, ahorrarles todo tipo de sufrimiento.
Por ello, cuando acuden a nosotros con sus dificultades, en lugar de regalarles atención ininterrumpida, de inmediato entramos en modo escúchame-lo-que-te voy-a decir y no le damos la oportunidad de explicarse y sentirse comprendidos, y más aún ni siquiera les preguntamos qué sienten.
Cuando damos a las personas espacio y atención, con frecuencia encuentran dentro de sí mismas las respuestas que necesitan.
Escuchar es dar amor. Escuchar no es fácil. Requiere paciencia, compasión y dejar de centrarnos en nosotros mismos (tarea complicada) y poner el foco de atención en los demás.
Cada uno de nosotros podemos dar mucho a nuestros seres queridos solo prestándoles atención. Demostrándoles que lo que tienen para decir nos interesa, que sus asuntos son también nuestros asuntos, y que así como ellos nos dan su tiempo yo también les doy el mío. Eso es lo único valioso que tengo para dar.
Así que la próxima vez que te vengan a contar algo, escucha. No interrumpas. Presta atención. Regala amor.




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